jueves, 23 de diciembre de 2010

veinticuatro de diciembre

Hoy, a la 1:10 de la mañana, ya es Nochebuena. Mucha gente no será consciente bien porque se fueron ayer a la cama o bien porque no han mirado aún la hora, mientras siguen mirando la tele.
Tengo 16 años y creo que comienzo a darme cuenta de lo que significan para muchos estas fechas. La familia unida, luces por todas partes, regalos, sonrisas... cosas y sentimientos abstractos pero que somos capaces de sentir con mucha más intensidad de la llegaríamos a reconocer.
Ahora comprendo porque mi tía llora, y llorará, cada Nochevieja. Cuando era niño no lo entendía, no era capaz de comprender porque, todo el mundo sonreía, yo estaba contento, esbozaba una sonrisa y, ella llorando. Me decían: "Llora de alegría". ¿Alegría?-pensaba yo- cuando se esta alegre uno sonríe, se ríe, no llora. Ahora lo entiendo y recuerdo con mucho cariño y cercanía, la verdad sea dicha, esos sentimientos y mi disyuntiva entre si estando alegre, se podía llorar.
Claro que se puede llorar, y mucho. Simplemente sale, no lo piensas, no es premeditado.
Tendrán que pasar otros 16 años, estimo, hasta que llegue comprender el porque de este fenómeno, sé que se puede llorar cuando uno está contento lo que se me escapa es por qué. Aunque estoy empezando a sospechar algo, se respira en el ambiente, como una sensación que nos invade cuando se acerca el 24. No son las luces, ni los regalos. Quizás sea porque en Navidad todos somos más buenos. Y cuando llega el nuevo año, cómo dicen muchos vida nueva, cuestión que a algunos le cuesta trabajo asimilar.

miércoles, 22 de diciembre de 2010